Black Friday

Hoy es el famoso «black friday», que no es más que una campaña de ofertas comerciales reducidas a un día concreto: el último viernes del mes de noviembre. Esta costumbre, heredada del mundo anglosajón, nos han invadido, como muchas otras, gracias a la inmensa publicidad quenos golpea día tras día, y que consigue cambiar nuestras conductas, aunque nos creamos impermeables a la misma.

Al final, nos vemos gastando grandes sumas de dinero en un día cualquiera, solo porque nos dicen que «este viernes hay grandes rebajas». El viejo truco… En el mercadillo los gitanos decían cuando yo era niño «¡Que me los quitan de las manos!». Y había otros vendedores que gritaban «¡Venga, niña, que hoy estoy que lo tiro!». Hay quienes usan otros trucos, como contar chistes para empatizar con el cliente o insistir en que hay otros compradores interesados… Pero al final son tácticas de venta de toda la vida. Solo que aquí están soportadas o, mejor dicho, potenciadas por dos elementos de los que somos incoscientes los consumidores, pero que están ahí: por un lado, la publicidad (abrumadora, en todos los medios, escritos, televisivos, etc), y por otro lado, el acuerdo entre todas las grandes empresas para convertir esta «costumbre» en una norma, de tal manera que todas lo hacen, y se ha extendido al pequeño comercio, incluso a los creadores de contenido de las redes sociales.

De alguna manera, si hay un calendario «oficial» de compras y campañas de ventas durante un año, el «black friday» ya ocupa un lugar fijo por derecho propio.

Sin embargo, lo más interesante de este día, para mí, no es si el «black friday» ya se ha hecho un hueco en nuestros hábitos de consumo, sino cómo usamos esta oportunidad. Es decir, ¿qué compramos en «black friday»?

No es una fecha ideal para comprar productos de alimentación, pero quizás sí es un buen momento para adelantar las compras de Navidad. Y también para permitirse ese capricho o ese gusto que en otras épocas del año nos parece un poco caro. Es decir, un videojuego, o acaso ese juguete sexual, o un vestido para una fiesta, o quizás ese móvil nuevo… Este tipo de cosas son las que imagino que tienen más éxito en un día aislado como es este «black friday», por más que algunas cadenas o empresas traten de extender las rebajas durante todo el fin de semana o toda la semana. Pero al hacerlo, el momento pierde su salsa; lo que nos gusta de verdad es que se trata de ofertas que «se terminan», el morbo de lo efímero. Saber que solo tienes un día para comprar y aprovecharte de las rebajas lo hace mucho más apetecible y que la expectación sea mayor. Somos así de tontos, supongo.

Ahora yo te pregunto: ¿qué te has comprado en el «black friday» que no puedes confesar porque es ese pecado que dijiste que no cometerías? Cuéntamelo.

Si quieres saber cuáles han sido mis faltas y culpas en este «black friday», suscríbete a mi Patreon y lo sabrás… Puede que lo cuente todo en un artículo esta misma noche.

Publicado por Somnia

Blog literario y magazine cultural

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